miércoles, 31 de octubre de 2012

La flor de mi jardín


 
Natelen del alma mía,
aún sin conocer tu interior
presupongo tu gran corazón,
del que algún día quisiera gozar yo.

Tus labios rojos
como la flor más preciada de mi jardín,
la que quisiera cultivar junto a vos.

Rosas rojas es mí sentir,
como mi pasión por ti.

Un sólo largo momento te vi
y me hicisteis vivir,
la pasión del sentir.

La juventud que brota de tu interior
junto a ti, la quiero gozar yo,
vivirla con vos será una vida de pasión.

Aún así, nada debe dejar de pasar por la razón.
Los sentimientos cuando pasan
por la razón, tienen doble valor.

Natelen tiene por nombre
la rosa roja de mi jardín interior;
ella es pasión, razón y reflexión.


martes, 30 de octubre de 2012

Nada es relativo




Sin relativizar el relato,
sin reloj alguno, hay que lograr el relevo.
Aquellos que ocupando el tiempo y el espacio,
en modo alguno lograron relucir,
olvidaron en la relojería su propio reloj.
Será necesario releer y sin relax,
ver que el motor precisa nuevos relés.

Relegar todo lo que no sea relevante,
aunque hubiere relinches,
es preciso eliminar los rellenos,
impedir la relativización, pues nada es relativo;
no caben reliquias que hacen irrelevante lo irrebatible.

Remangándose, cada uno en su lugar,
sin relumbrón todos remachan su obligación,
remedian lo remediable y, sin remilgo alguno,
todos logran las remesas que les sustentan
a unos y otros sin remisión alguna;
buscan el remedio de su propio sustento y
ponen las bases de las generaciones venideras.

Todos alcanzan el rellano de la vida,
sin relativizar hecho alguno,
sin que nadie quede al relente
ni en los remansos del río de la vida.

Todo queda reembolsado en el remar de todos,
unos y otros suman, ponen su propia relinga y,
al final de la vida cada cual tendrá la reliquia
de su hacer individual a favor de la colectividad.

 

lunes, 29 de octubre de 2012

Sólo



Sólo y con vuestra compañía,
a distancia y junto a vosotras,
externas y dentro de mi,
razón y reflexión.

Así os manifestais,
en este ínterin de vida
que me resta vivir.

Ello me permite razonar,
admitir las dos potencias,
que jamás traicionan:
el silencio y la soledad.

Son perennes y verdaderas,
en ningún caso casuales
ni extrañas a mi ser.


© Jcb



domingo, 28 de octubre de 2012

Agente




El ágil agente, se agencia su agenda,
intenta agitar a su aglomerado pueblo,
simbólicamente le da un fuerte agarrón.
Sin otro agarre que el propio agasajo,
a cada uno de los habitantes.
Todos tienen por sujeción su propia naturaleza;
les agasaja, sin agobiar su ágata.

Los números más comprometidos,
sin agonía, intentan agolparse en la plaza de la villa,
ágora, donde sin agravios todos agregan,
cada uno con su agraz grieta,
tienen por objetivo aglutinante,
los agravios de cada cual.

Con agrado gramatical, procuran
agrandar el ágora; todos toman el cálido agraz.
Todos ellos, con su pericia y gracejo,
sin agravio, con agregación, intentan grabar;
sin agriar ni agrietar suman al agremiado.

Los agrestes estados, con fuerte agrimensura y,
agilizando los agravios, con toda agilidad,
viven agradecidos, sin agotamientos,
con mutuo agradecimiento,
el agente agitador, entona el agnusdéi.

El aglomerado pueblo, en mutua agregación
ve luz y entona la libertad sin yugo
ni medianías que le maltrata y,
come su pan como voraces leones
que defienden su territorio.

 

sábado, 27 de octubre de 2012

Soledad




Sola soledad, realidad sin igual.
hoy como ayer, mañana también,
triste ser que endurece la piel.
Hoy como ayer, el silencio se dejó ver,
mañana sin quizás, sólo tu vas con él.

Soledad, realidad sin igual,
hoy más que ayer, cada día te haces crecer,
en cada rincón te dejas ver,
por momentos endureces la piel,
mas no la sangre que te da ser,
cada día es más negra, perdiendo fluidez

Soledad de hoy, mayor que la de ayer,
te haces presente en cada rincón,
en cada instante eres perenne

Soledad que conmigo vas,
a mi llegasteis y en mi anidasteis.
Alma de mi armario
que inseparable conmigo vas
criatura que día y noche, en mí estas.

Soledad, dura y triste realidad,
no por mucho callar eres ajena a tu verdad.
Aún en tu silencio ves el más allá.
Triste realidad que llegas a desintegrar,
dolor ajeno que no mueve tu dentellar

Triste realidad que conmigo vas,
tanto cansancio que agotado me dejas,
dolor que oscurece el día.

Manantial de tristeza,
destructora de la razón,
opresora de la reflexión.

Negra noche, reino del ciprés
que crece en altivez.
Triste realidad
de la tierra al mar.
Día y noche eres presente
aquí y allí donde vas.



jueves, 25 de octubre de 2012

El Aguador





El aguador con su cántaro de aguadulce,
el ramal de la bestia en la mano,
aguanta el aguacero y azuza al animal,
quien carga los cántaros en sus aguaderas.

A su jamelgo aguijonea con su agudo aguijón;
ambos buscan el preciso cobijo,
cruzan la agrupación de aguacates;
a lo lejos divisa la góticas agujas del templo,
al alcanzar los muros del poblado,
el aguanieve ha pasado a ser aguanosa.

El cuadrúpedo aguanta el paso y el peso,
no le queda a la zaga el bibipedo;
con gran aguante, agarrado a la montura,
agujerean los charcos del camino,
el aguerrido animal, bordea el aguazal.
El aguador con su aguijada vara,
prende al aguilucho por aguafiestas.

La arribada se produjo sin mayor aguadón,
cada cual alcanza su aposento.
La cabalgadura, toma su ahijar.
El aguador desata las agujetas de sus albarcas,
para mitigar su cansancio, usa su aguamanil;
hace fuego en su hogar y buscando el relax,
para evitar la agujetas,
se da friegas de aguadulce.




miércoles, 24 de octubre de 2012

Soledad de piedra



Era de piedra la soledad,
la quietud vivía en mi aposento.
Me sumergí en las horas calladas,
un mar de anhelos crecía en mi interior.
Percibí el sentido de la luz
en un océano de sueños

En el pentagrama de la noche
sentí la magia del silencio
en un arpegio de notas aromadas.
Pálpitos de áuricos reflejos.

El tiempo sin pausa navega
devorando las horas,
y yo, mis penas devano.

Cada día la brisa me dicta la noche.
Las noches ocupan mi espacio
y mis sueños portan estandarte
al amante de la ilusión andante.

En el silencio, tan indomables son mis pesares
que olvidando el atavío,
en arrogancia cambio de traje,
que no hace al personaje ni al linaje.

Como cadáver errante,
mi jardín ya gélido,
poblado queda de oquedades,
pese a los rojos rosales.

Una mañana nacerá
y los rosales cantarán.
Extinguida la soledad,
los sauces sus lágrimas enjugarán.